Momentos de cuarentena 2020.

Durante la cuarentena pasé muchísimo tiempo sola y empecé a notar algunas cosas que en la diaria no había logrado darme cuenta, ya que generalmente estaba a mil, de acá para allá, me iba muy temprano y volvía muy tarde, pasaba muy poco tiempo en mi casa. Pero la pandemia me obligó a vivir 24-7 en mi hogar. Por ejemplo, no podía creer cómo no sabía que por la mañana pegaba el sol en la cocina, solía levantarme a las apuradas y salir corriendo para no perderme el bondi. Tampoco sabía que al mediodía el balcón tenía un sol pleno, si el día estaba lindo. 
Entre tantas cosas que fui descubriendo noté que tenía muchas que no utilizaba y otras tantas, que después de varios meses encerrada hasta me molestaban a la vista, sabiendo que no tenían sentido de estar allí ubicadas. 
Siempre fui de donar, reorganizar y cambiar las cosas de lugar, pero el día a día me llevó por delante y evidentemente dejé de hacerlo con frecuencia. Tuvo que llegar una pandemia mundial para recordármelo. Entonces me propuse desprenderme de lo material. Aprender a soltar, dejar ir, vivir más liviana. Despegarme de cosas que ya no uso. Regalar aquellas con un valor significativo para mí, pero que en el presente no tienen utilidad y que indudablemente pueden ser más valiosas para otra persona, aunque me doliera desprenderme por completo. Es muy importante deshacernos de aquello que ya cumplió su ciclo. En mi caso comencé por eliminar adornos, me pareció más fácil, porque como comenté anteriormente, algunos me molestaban con solo verlos, pero cuando empecé a ver qué tenía para regalar, a todo le encontraba un sentido, muchas cosas me las traje de algún viaje, otras me las regalaron, algunas simplemente las tenía desde que soy chica. Todo tenía su valor sentimental. Y pensé, ¿Por qué arranqué por acá? ¿Qué le vi de fácil? Todo iba a ser difícil, entonces me propuse hacerlo al revés, elegir lo que realmente me quería quedar. Tarea muy complicada igualmente, pero pensarlo así me ayudó a decidir con mayor objetividad. Logré deshacerme de la mayoría de los adornos que tenía y seguí el proceso de soltar, por el sector de la cocina. Sinceramente fue mucho menos doloroso guardar las cosas en una bolsa con la etiqueta, donar. Agarré Tuppers y bandejas que tenía en exceso, algunos utensilios que tomé noción de no haber utilizado jamás desde que vivo en esta casa. Y aproveché también para separar cosas que me habían prestado cuando me mudé, y jamás devolví. Por supuesto dejé para lo último el sector dormitorio, pensar en la ropa, implicaba que algunas prendas dependían de probármelas. Inicié por mirar qué no quería más, qué no había utilizado en el último año, y dejé para el final probarme algún que otro pantalón que no sabía si me quedaba. 
Logré en todo este proceso, un gran crecimiento personal, aprender a vivir más ligera de equipaje. Me falta mucho por aprender, pero entendí que en momentos tan difíciles como los que pasamos en el 2020, acumular y guardar por guardar, no tiene ningún sentido, léase para cualquier aspecto de la vida.

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