Cuanta verdad tiene la frase ve solo encontrarás gente en el camino.
Comenzaron mis vacaciones y me surgieron muchas dudas. De repente me encontré, el primer día, en viaje a la primera excursión, rodeada de personas hablando en otro idioma. El no entender nada me desesperaba. Me empecé a preguntar si había hecho bien en irme sola, cómo iba a manejarme, cómo sería caminar la ciudad con la cámara en mano, si sería seguro, si las personas que conocería serían amables. Dudas. Dudas, que se fueron al instante, al llegar al primer destino del famoso city tour, dónde unieron a distintos grupos y agradecí al universo, que muchos hablaban castellano.
La mayoría te ve sola viajando y se solidariza de una manera u otra. Diría que te terminan adoptando. Conocí ese día dos cordobeses tan buena onda que me ofrecieron cenar con ellos. Con un corazón gigante, aconsejándome qué hacer y qué no en mi estadía, pero se iban el día siguiente a otra ciudad y sentí un gran vacío.
Cada partida de alguien que conocía era una despedida, como si nos
conociéramos de toda la vida. Cada vínculo, cada persona que conocí con el
correr de los días fue maravillosa. Cordobeses, tucumanos, jujeños, porteños,
santafesinos, brasileros, peruanos, colombianos y muchas nacionalidades más.
Creo que cada uno apareció en mi camino en el momento justo. Me sorprendí de mi
capacidad de relacionarme con gente desconocida, siendo tan vergonzosa. Crecí
como persona. Cada uno me enseño algo nuevo. Intercambiamos historias,
risas, carcajadas. Una de las mejores
experiencias de mi vida. Me llevo un recuerdo hermoso de cada excursión, de
cada caminata, de cada charla, de cada persona. La conclusión general fue que
el destino era encontrarnos. Agradezco a cada uno por hacer de mi viaje un
momento único. Recomiendo por lo menos una vez en la vida y ojalá que lo intentes y lo vuelvas a probar más de una vez, viajar solo, te
sorprenderás de vos mismo.
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