Camino a tu reencuentro.

Esa tarde llovía.
 
Sonó el timbre de casa 15:32, era el remis.
 
Salí con el paraguas para no mojarme hasta el auto.
 
El camino se hizo eterno.
 
El ruido de las gotas contra el techo musicalizaban el momento.
 
Cada cuadra el corazón latía más y más rápido.
 
Los vidrios empañados no dejaban ver la ciudad.
 
El tráfico era cada vez mayor.
 
Los bocinazos no cesaban. 
 
Eso me recordó por qué no manejaba, por ese impulso inmenso de dejar el coche tirado en cualquier lugar, en medio del tumulto.
 
Pensé en bajar, podía cubrirme con el paraguas.
 
Miré a la ventana.
 
Limpié el vidrio con la mano derecha, asomando la cabeza detrás.
 
Mis ojos podían reconocer el lugar.
 
Seguía lloviendo y faltaba un largo tramo para llegar.
 
Estaba nerviosa.
 
La ansiedad hacía morderme las uñas.
 
Iba a tu reencuentro.

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