Carta a mi Nona.
Te buscaba por la casa, miraba tu
cama con el acolchado de flores, ése, que con el tiempo terminó siendo mío. Ya
no estabas los mediodías en la mesa, esperando para comer. No oía, ni tus
pasos, ni tu voz, todas las madrugadas apenas te levantabas.
La casa no era la misma sin vos. De a poco tus cosas fueron desapareciendo, solo quedaban fotos y algunos de tus vestidos, esos tan lindos, floreados o con lunares que siempre usabas.
Ya no te nombrábamos seguido, no porque no te extrañáramos, sino para evitar ponernos tristes.
Era raro no oler tu perfume rondando las habitaciones, no encontrarte caminando, ya no podía buscarte para charlar, porque no estabas.
Terminaba el año 2003, pasamos nuestra primera navidad y año nuevo sin vos. Empezamos el 2004 y ahí pronto, un día de febrero partiste. Te fuiste lejos, muy lejos.
Te fuiste al cielo y te buscaba en cada estrella, a ver en cuál estabas. Recordaba cuando era chica y me decías que mis abuelos no se habían ido, que me cuidaban desde el cielo. Que ellos eran mis guardianes y que cada vez que mirara al cielo iba a ver muchas y muchas estrellas, pero que en las que más brillaran, estarían ellos, sonriéndome.
Por eso, cada vez que no te encuentro en la casa y necesito tu presencia, allá es a donde voy. A ver el cielo, porque al mirarlo siento que no te fuiste, que estas siempre guiando mi camino, cuidándome detrás de una nube, en una estrella, pero no en cualquiera, siempre en la que más brilla.
La casa no era la misma sin vos. De a poco tus cosas fueron desapareciendo, solo quedaban fotos y algunos de tus vestidos, esos tan lindos, floreados o con lunares que siempre usabas.
Ya no te nombrábamos seguido, no porque no te extrañáramos, sino para evitar ponernos tristes.
Era raro no oler tu perfume rondando las habitaciones, no encontrarte caminando, ya no podía buscarte para charlar, porque no estabas.
Terminaba el año 2003, pasamos nuestra primera navidad y año nuevo sin vos. Empezamos el 2004 y ahí pronto, un día de febrero partiste. Te fuiste lejos, muy lejos.
Te fuiste al cielo y te buscaba en cada estrella, a ver en cuál estabas. Recordaba cuando era chica y me decías que mis abuelos no se habían ido, que me cuidaban desde el cielo. Que ellos eran mis guardianes y que cada vez que mirara al cielo iba a ver muchas y muchas estrellas, pero que en las que más brillaran, estarían ellos, sonriéndome.
Por eso, cada vez que no te encuentro en la casa y necesito tu presencia, allá es a donde voy. A ver el cielo, porque al mirarlo siento que no te fuiste, que estas siempre guiando mi camino, cuidándome detrás de una nube, en una estrella, pero no en cualquiera, siempre en la que más brilla.
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