¿Cuántas veces esperamos que los demás actúen como actuaríamos nosotros?

¿Cuántas veces esperamos que los demás actúen como actuaríamos nosotros? Pensaba ella, sentada en un bar, mientras tomaba su café, con los auriculares puestos, no podía dejar de pensar en esa misma pregunta, una y otra vez.
Y se repetía en su pensamiento: Tengo que entender que cada persona es diferente, que cada ser vive y siente a su manera, y que no puedo esperar que otro actúe como actuaría yo.
El final de esa oración le dolía como un puñal. Sabía que no podía esperar ciertas actitudes, solo porque ella las hiciera por los demás.
Salió del bar algo bajoneada, levantó la mirada para cruzar en la esquina. Podía ver en la cuadra de enfrente una señora sentada sobre una silla roja, apoyando sobre una mesa violeta un manojo de cartas.
Se miraron fijamente. La señora la llamó con la mano en alto ¡Niña! ¡Niña!
Saca una carta, para aliviar esos ojitos tristes.
El temor a lo que podía llegar a decir esa carta, la aterraba. Pero la intriga de saber qué diría, también la entusiasmaba.
La señora le insistía. Se juntaron varias personas alrededor que arengaban la situación y entonces se atrevió, agarró la carta que le indicaba su intuición.
La carta decía: Dónde no sea recíproco, debes aprender a dar menos, ponte tú primero.
Se sorprendió, le agradeció y siguió su camino, pero esta vez entendiendo donde estaba su error.

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